Abuso de menores: un tema que da risa

Un matrimonio de mediana edad discute en la cama. La esposa, apenada, le pregunta al marido “¿Por qué no querés que la nena venga a dormir con nosotros?” El marido deja entrever que tratar el tema lo incomoda. No quiere dar una respuesta, pero balbucea una. En ese momento, aparece la nena en cuestión y se acomoda entre su mamá y su padrastro. El hombre, frustrado ante la situación, se dirige a la sala y se acuesta en el sofá. Una vez que logra quedarse dormido, su subconsciente le da rienda suelta al deseo reprimido. El padrastro sueña que en la cama matrimonial se encuentran él y su hijastra, se abrazan y se manosean. “¡Encontré el control remoto!” dice ella, a lo que él responde complacido “No es el control remoto”. Fuera del sueño, la mamá y la hijastra van a la sala y lo ven al hombre dormir. Todavía soñando, este hace movimientos espasmódicos y gime. La hijastra, inocente, pregunta: “Mami, ¿por qué se levanta la sábana?” “Es que él es así, muy cariñoso”, le contesta. “Seguro está soñando contigo, Mami”.

Llegué a estas escenas haciendo záping a las nueve de la noche. La interpretaban Gustavo Cabañas y Lourdes García. A pesar de hablar y comportarse como niña, a la hijastra la encarnaba la modelo Patty Orué, quien –por supuesto– llevaba un piyama blanco que dejaba ver toda su voluptuosidad. Miré todo el sketch, había risas grabadas de fondo. ¿Se suponía que tenía que reírme? ¿De qué? ¿De que un padrastro sienta deseos sexuales por la hija de su esposa? ¿Soy yo el bicho raro al que nada de ese diálogo y esas imágenes le causa la más mínima gracia? Sin embargo, visto desde la otra perspectiva, me pregunto: ¿en qué cabeza puede generar simpatía y complicidad esa representación? Pues, para que alguien ría de aquello, en primer lugar, habría que tenerle lástima al “pobre tipo” que huye de sus deseos. En segundo lugar, uno debería encontrar ingenioso el contraste entre la inocencia de las palabras de la hijastra y su lenguaje corporal provocador. En tercer lugar, habría que tragarse la idea de que a la madre una situación tan obvia y grotesca se le pasa por alto. Y, final y crucialmente, para que nos cause gracia que un hombre fantasee con una menor a la que está emparentado, tendríamos que olvidar que miles de niñas (y niños) en nuestro país son sometidas a las perversiones de un familiar o conocido.

En Paraguay, se denuncian más de mil casos de abusos a menores por año. Cuando las víctimas son niñas, muchas de estas violaciones terminan en embarazos. Como si fuera poco, la víctima (y no el violador) se convierte en el foco de comentarios y juicios de valor: “ella luego le buscó” o “se arruinó ya esa chica”. Así también, la situación se minimiza con apreciaciones como “así nomás luego es”, dichas con una mezcla de clasismo, machismo y un total desinterés por cambiar la realidad. En el sketch, todos estos elementos están presentes: la supuesta culpabilidad de la víctima, la presunta inocencia del acosador y la complicidad del público, al que se le induce a sentir empatía por el hombre preso de su deseo. ¿Cómo se logrará sensibilizar a la población sobre este gravísimo problema social si la televisión –que llega a más gente que cualquier volante o folleto– sigue condonando actos abusivos contra, en este caso, menores?

Si bien la comedia puede ser un instrumento sensibilizador y de denuncia social de conflictos altamente delicados, lo visto ayer en Matrimonios y algo más (versión paraguaya) crea el efecto contrario: opaca la seriedad de problemas como el machismo y la violencia sexual. Acusados de tener impactos negativos en la sociedad, las producciones de muchos programas televisivos utilizan la excusa de que es el público quien les exige mostrar esto o aquello; de que “eso es lo que vende”. Sin embargo, en el fondo saben que a través de ciertos elementos, la televisión no solo responde a los gustos del público sino que también, y en mayor medida, los crea. Y en un contexto en el que los medios audiovisuales generan el apetito del público para luego satisfacerlo, una justificación como “cambiá de canal si no te gusta” pierde casi todo sentido. Si bien un cambio radical en la grilla de programación de los canales paraguayos no se va a dar de la noche a la mañana, podrían evitar mostrar cualquier sketch en el que se ridiculice a las niñas abusadas… ¿hace falta recordarles que siguen sufriendo?

10 Comments

    1. El tema es, que en ese contexto cultural, las mujeres son “menos” que los hombres. Ya sea por religion o tradicion. Y aunque este contra la ley el abuso y la agresion, la cultura y la tradicion pasan por alto la ley. El honor, reputación o apellido de una familia es mas importante.

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  1. Ahora todo tiene un alto contenido sexual, algo tan simple como un video musical muestra mucho y tambien asi las letras, muchos padres creen que a sus hijos eso no les llama la atención pero al pasar abreeen sus ojos y se quedan mirando, como padres tratemos de estar un paso adelante y no pensar que nuestros niños “no entienden” muchas realidades.
    Excelente artículo, saludos.

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  2. Me rompe el alma! Somos una verguenza! A que precio trabajan?
    Lo único que logran es ayudar a que el abuso sexual de menores se siga respaldando atrás de los modismos y prejuicios tradicionales. Todos los actores de ese sketch deberían ser escrachados pùblicamente, son un asco!!!

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    1. Hola, Laura! Gracias por dejar tu comentario. Yo, sin embargo, creo que los actores son solo la caras que se ven: no son ni más ni menos responsables de dejar que algo así salga al aire que gente a la que no vemos… guionistas, editores, directores, auspiciantes, etc. etc.

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  3. Además de lo que muy bien comentas, está la otra parte en donde -invariablemente- se culpa a la madre de cualquier abuso sexual, sea cometido por el padre biológico o el padrastro, da igual. En el esketch que mencionas, evidentemente la madre es representada como alguien estúpido e incapaz de ver el “deseo” de su hombre. Y es que esa es la idea que prevalece, “pero ¿y la mamá no se dio cuenta? ¡Todo por querer tener a un macho al lado!”…

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