De conversatorios y conservatorios

En un artículo reciente, publicado en el diario ABC color, el periodista Jesús Ruiz Nestosa solicita a los estudiosos del lenguaje una explicación sobre el uso –para él, incorrecto– de la palabra conversatorio. Me tomé por aludida. Así, lo que sigue es una respuesta a las inquietudes del Sr. Ruiz Nestosa, que espero les satisfaga tanto a él como a sus lectores.

En su artículo, el Sr. Ruiz Nestosa afirma que el sustantivo conversatorio significa “el sitio donde se conversa”, puesto que dicha palabra se forma con la raíz conversat– de conversación y el sufijo –orio, que significa lugar. Por ejemplo, indica, “consultorio es el sitio donde se consulta; oratorio es el sitio donde se ora”. Por analogía, claro está, conversatorio debería significar “lugar donde se conversa”. Ahora bien, lo cierto es que las palabras no siempre significan la suma de sus partes. Por ejemplo, el sustantivo auditorio, también mencionado en el artículo, no se refiere a un “lugar donde se oye”, sino a un salón donde generalmente se presencian actos de celebración u obras de artes escénicas (Esto explica que en un auditorio pueda ver una obra de pantomima o una película de cine mudo). En el castellano tenemos un sinnúmero de ejemplos de palabras que no significan la suma de sus partes. Por citar algunas más: si bien el sufijo –teca significa “colección”, como en biblioteca (“colección de libros”), discoteca no sólo significa “colección” de discos, sino también “lugar donde se baila”.

Por otro lado, no es poco común que las palabras que denoten un lugar también se refieran a la acción que se lleva a cabo en dicho punto físico. Por ejemplo, velatorio es “el lugar donde se vela” y también es “el acto de velar”; mesa redonda puede referirse tanto a un mueble como a un debate. Ciertamente, en este sentido, el caso de la palabra conversatorio es curioso, porque nadie la usa con el sentido de lugar. Sin embargo, esto se debe a que dicha acepción nunca existió (al menos yo no logré encontrarla en ninguna de las bases de datos que revisé). ¿De dónde viene entonces el sufijo –orio en conversatorio? Es muy probable que este sufijo se trate del que tiene la acepción “relativo a”, el que se encuentra en las palabras circulatorio (“relativo a la circulación”) o respiratorio (“relativo a la respiración”). Si bien es cierto que casi todas las palabras formadas con este sufijo son adjetivos, existen también sustantivos, como petitorio, en castellano, o relátorio (“informe”), en portugués. Así, conversatorio se origina con la raíz conversat– (“conversación”) y el sufijo -orio que significa “que tiene que ver con”, no con el que significa “lugar”.

En el artículo, el Sr. Ruiz Nestosa argumenta que quienes usan la palabra conversatorio lo hacen para aparentar sofisticación. Como dicha afirmación es una opinión, sólo puedo contestarla con una explicación de por qué disiento. En primer lugar, como bien lo afirmó el Sr. Ruiz Nestosa, conversación y conversatorio no son sinónimos. No solo los hablantes somos conscientes de cuán diferentes son sus significados, sino que esta diferencia también se puede encontrar en el diccionario. Por tanto, quien utiliza la palabra conversatorio no está buscando una versión “refinada” del sustantivo conversación. En segundo lugar, según mis observaciones, conversatorio es un término de uso muy frecuente, y lo rebuscado se asocia a lo infrecuente no a lo cotidiano. Tal vez de esta frecuencia surja la actitud negativa que algunas personas tienen hacia su uso. Al ser una palabra “de moda”, estarán quienes la adopten precisamente por estar de moda y estarán quienes, por el mismo motivo, la rechacen con vehemencia: tal cual una prenda de vestir. Estas actitudes son naturales: todos tenemos nuestras palabras preferidas y aquellas que no nos gustan tanto. Lo importante es reconocer que dichas posturas son subjetivas y que no obedecen a ninguna lógica del lenguaje. Si me preguntan, conversatorio no está entre mis palabras preferidas, sencillamente porque dos de cada tres veces que intento pronunciarla me sale conservatorio (que no es el lugar donde se conserva).

Los idiomas son sistemáticos, pero no perfectamente sistemáticos, porque los inventamos los seres humanos, criaturas –dicen– bastante creativas. La palabra conversatorio, como todos los demás vocablos, es una muestra más de dicho ingenio… aun si no nos agrada su uso. Por eso, en honor a la comunicación humana y al intercambio de ideas, organicemos una reunión para tratar estos temas desde distintos puntos de vista: tengamos un conversatorio.

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