Si quien calla otorga, quien generaliza encubre

Una mujer de 32 años muere atropellada por un neo-nazi mientras marchaba en una protesta en contra del racismo. Ante el hecho, el presidente de los Estados Unidos expresa: “Condenamos […] esta muestra atroz de odio, intolerancia y violencia presentes en muchas posturas”, y repite: “presentes en muchas posturas”. La indignación de la ciudadanía es, por supuesto, inmediata. ¿Por qué? Porque en su declaración, el primer mandatario no solo pone en la misma bolsa a los nazis y a quienes marchaban en su contra, sino que también evita condenar explícitamente la ideología responsable de la muerte de la joven de Charlottesville: el racismo. Esta estrategia, generalizar y callar, puede resultar altamente familiar a la ciudadanía paraguaya, pues es la que utilizan quienes evitan —a toda costa— condenar la dictadura stronista.

Lo único que se logra al repartir la culpa entre muchos es minimizar la responsabilidad del verdadero culpable.

Unos días antes de que Donald Trump equiparara moralmente a anti-nazis y neo-nazis, en un programa televiso paraguayo, un abogado reconocido también utilizaba la estrategia de la generalización para evitar condenar la dictadura stronista. Cuando los entrevistadores le preguntaron qué opinión le merecía el dictador y cómo se sentía respecto a su cercanía a la dictadura, el Dr. Moreno Ruffinelli dijo: “que levante la mano el que nunca se equivocó”. Esta respuesta, aparentemente diplomática, fue ambigua, puesto que no se supo si el del “error” había sido él o Stroessner. De todas maneras, al poner en igualdad moral el ser cómplice de una dictadura (o ser el propio dictador) y el errar de cualquier ser humano, se hace una generalización en la que pierden los justos y ganan los criminales. En otras palabras, si con el lema “errar es humano” equiparamos a quien mató y torturó por 35 años y a quien pasó un semáforo en rojo por distracción, se beneficia, claro está, el asesino y torturador.

Además, bajo el dominio de la generalización, suele estar el argumento “todos tenemos la culpa”. Cada vez que alguien en el poder es responsable de graves hechos punibles, no falta quien dice que la culpa es compartida, porque “todos quebrantamos de algún modo u otro la ley”. Si bien el argumento parece inofensivo y hasta honesto, lo único que se logra al repartir la culpa entre muchos es minimizar la responsabilidad del verdadero culpable.

¿Cuesta tanto “juzgar” al responsable de la desaparición y asesinato de casi cinco mil personas?

Así también, tal cual Donald Trump ante los hechos trágicos de Charlottesville, muchas figuras públicas han evitado condenar explícitamente a los responsables de crímenes de lesa humanidad. En el segundo debate televisivo entre los dos candidatos a la presidencia del Partido Colorado, Mario Abdo Benítez expresó que no sería él sino “la historia” quien juzgaría a Stroessner. Claro está, no haber dicho lo que piensa sobre el dictador reveló su postura. ¿Cuesta tanto “juzgar” al responsable de la desaparición y asesinato de casi cinco mil personas? Tal vez su contrincante, Santiago Peña, haya sido un poco “más hábil” en este aspecto, pues al menos dijo que Stroessner se había “aplazado en derechos humanos”. Sin embargo, meses antes, Peña había expresado que la generación post-dictadura veía al Partido Colorado “con prejuicio”… tal vez porque, para él, veinte mil víctimas directas de la dictadura no son suficientes para que juzguemos con propiedad.

Así, estos silencios pseudo-diplomáticos son una ventana a las ideas “escondidas” en los discursos de quienes están en el poder o quieren llegar a él. Es decir, sólo quienes tienen cierta afinidad con las ideologías racistas y autoritarias pueden evitar condenar enfáticamente a criminales mundialmente reconocidos como tales. Quien calla la intolerancia, el racismo o el autoritarismo otorga su bendición a estas posturas de odio.

La experiencia nos enseña que cuando hablamos, comunicamos mucho más de lo que decimos explícitamente. Hacer una generalización como “todo el mundo comete errores” cuando alguien se equivoca equivale a decir “tu error es mínimo y no vale la pena que te arrepientas”. Del mismo modo, lo que callamos en ciertos momentos es un mensaje en sí mismo. Por eso, por lo que implican ciertas generalizaciones y ciertos silencios, el mundo entero repudió las primeras declaraciones del presidente norteamericano ante el asesinato motivado por el racismo que ocurrió en su país. Así también, en Paraguay, dejar pasar las generalizaciones y los silencios ante la dictadura stronista tanto de la ciudadanía en general como de los candidatos a la presidencia implicaría dar luz verde al autoritarismo. Así, si quien calla, otorga; quien condena, evita.

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