La olla nueva y La Nueva Olla

Hace varias semanas ya, pero sobre todo en estos últimos días, cuanto diario abro, cuanto programa de radio escucho o a cuanta red social entro, el tema no falta: la remodelación del estadio del Club Cerro Porteño. Si bien soy atea del fútbol, sospecho que hay que ser parte de la muchachada —la hinchada del Gran Ciclón— para no estar medio harta de tanta antesala a la inauguración de la denominada “Nueva Olla”. Hoy, sin embargo, mi hartazgo se convirtió en curiosidad. De pronto me pregunté: ¿por qué todo el mundo se refiere al estadio remodelado como La Nueva Olla y no como La Olla Nueva?

Para que no me juzguen con un “hay que ser tekorei para preguntarse estas cosas”, ayudaría —quizá— saber que me dedico al estudio del lenguaje, que incluye “cosas” como el orden en que decimos las palabras. Los hablantes nativos de cualquier lengua tienen un total manejo del funcionamiento de este orden, pero muchas veces este está tan incorporado en nuestros cerebros que es difícil explicar por qué ordenamos los elementos de una frase del modo en que lo hacemos. Así, en este caso, como la gran mayoría de los paraguayos llama a La Olla remodelada La Nueva Olla y no La Olla Nueva, suponemos que los nativohablantes tienen ciertas intuiciones sobre la posición del adjetivo (nueva) con respecto al sustantivo (olla) que les llevan a preferir una frase sobre otra.

Como sabemos, en castellano, es mucho más frecuente que el adjetivo se diga después del sustantivo, como en la camisa blanca, pero también hay casos en que este orden no funciona, como en mi mejor amiga (no decimos mi amiga mejor). A veces el orden cambia el significado: el hombre pobre no es lo mismo que el pobre hombre. ¿Es este el caso de la olla nueva y la nueva olla? Probablemente no: nuevo no es un adjetivo que cambie mucho de significado de acuerdo a su posición, nuevo año o año nuevo, nueva casa o casa nueva son casi lo mismo. Sin embargo, en estos casos en que el significado no cambia, cuando el adjetivo está primero se denota más afectividad hacia lo descrito. Es probable que este sea el motivo por el que La Nueva Olla haya tenido más éxito que La Olla Nueva como apodo del estadio remodelado: suena más afectivo. Es más, tanta es la fuerza con la que se impuso el nombre que ahora La Nueva Olla sólo puede asociarse con el estadio y la olla nueva sólo puede interpretarse como una vasija para cocinar recién adquirida.

Así también, en nombres propios, es mucho más común que el adjetivo nuevo se anteponga al sustantivo. En Paraguay, las siete ciudades que tienen el adjetivo nueva en su nombre tienen la estructura adjetivo + sustantivo: Nueva Londres, Nueva Toledo, Nueva Esperanza, Nueva Italia, Nueva Colombia, Nueva Alborada y Nueva Germania. Como La Olla es un nombre propio, es intuitivo que el adjetivo nueva se inserte antes del sustantivo y no después. Quizás por ello también mucha gente llame al estadio del Barcelona Nou Camp (“Nuevo Campo”, en catalán), a pesar de que el nombre oficial sea Camp Nou (“Campo Nuevo”). También será interesante ver qué nombre tendrá más éxito con la nueva remodelación de dicho estadio: Nuevo Camp Nou o Nuevo Nou Camp.

Además, para la mayoría de los hispanohablantes que agreguen otro adjetivo, como azulgrana, a La Olla, este sonará mejor luego de La Nueva Olla que de La Olla Nueva. Es decir, La Nueva Olla Azulgrana funciona mejor que La Olla Nueva Azulgrana, puesto que La Olla primero es azulgrana y luego es nueva, razón por la cual La Olla Azulgrana Nueva también podría sonar natural.

Por último, y un poco al margen del orden de las palabras, al indagar en este tema, también me resultaron curiosas las teorías sobre el origen del apodo La Olla del estadio cuyo nombre oficial es General Pablo Rojas. Una de las versiones que escuché supone que el apodo surgió de la forma de olla del estadio, tal como al estadio de Boca se lo denomina La Bombonera por asemejarse a una caja de bombones. La segunda explicación sugiere que por estar en un nivel de terreno más bajo en relación a los alrededores, desde afuera el estadio parece ubicarse en un pozo o en una olla. Curiosamente, a partir de la aparición de este apodo, el antiguo estadio del Club, el Adriano Irala, pasó a conocerse como La Ollita.

Cualquiera sea el origen del apodo La Olla, lo cierto es que los seres humanos, nos guste el fútbol o no, somos muy creativos cuando nombramos a las personas, los lugares y los objetos que nos despiertan emociones. Cuando creamos expresiones innovadoras, ponemos en práctica todo lo que sabemos de nuestra lengua materna: el orden de las palabras, las diferencias sutiles de significado, la sonoridad. Si bien al no ser fanática del fútbol es difícil que me conmuevan los goles o la camiseta o los jugadores, el ingenio lingüístico de la hinchada es indudablemente fascinante.

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