Sería tan amable

En su último artículo publicado en el diario ABC color, el autor Gustavo Laterza Rivarola explica cómo las telefonistas y recepcionistas están arruinando el idioma castellano. Específicamente, Laterza Rivarola indica que el uso del condicional (amaría, temería, partiría) es el más novedoso de los múltiples atropellos a las “raíces más profundas de la sintaxis” en los que incurrimos en Paraguay. ¿Qué es eso de preguntar “¿Cuál sería su nombre?” en lugar de “¿Cuál es su nombre?”? se cuestiona el escritor. La respuesta, según él, está en que “los paraguayos no estudiamos gramática”. Sin embargo, no creo que esto explique la innovación, principalmente porque la lengua cambia y cambiará siempre, estudiemos su gramática o no.

Los cambios lingüísticos son inevitables. A quienes estudiamos el lenguaje nos suelen tratar de relativistas o populistas por decir esto –como si se tratara de un capricho nuestro– pero lo cierto es que este cambio es un fenómeno observable. Nadie reprocha a los químicos por afirmar que ciertos materiales hacen combustión al estar en contacto con el oxígeno: esto es científicamente comprobable. De la misma manera, las formas verbales, como el condicional en castellano, cambian de función con los años. Por ejemplo, en los tiempos de Shakespeare, el equivalente en inglés a “voy a comprar algo” implicaba que el hablante iría literalmente a un lugar. Hoy en día, tanto en inglés como en castellano y otras lenguas, decimos “va a llover” sin dar a entender que alguien o algo va a algún destino. Esta innovación –como todo cambio– habrá resultado desagradable a algunas personas en aquel momento, pero hoy ya nadie se acuerda de aquel “horror”.

Estos cambios lingüísticos no son aleatorios, pues solemos encontrar explicaciones a cada innovación en el uso de las formas. En el caso del condicional en oraciones como “¿Cuál sería su nombre?” (en lugar de “¿Cuál es su nombre?”), se podría suponer que este uso es una extensión del condicional de cortesía en el que conjugamos muchos verbos. Por ejemplo, para demostrar respeto al interlocutor, decimos “¿Podrías pasarme la sal?” en lugar de “¿Podés pasarme la sal?” A veces también decimos “¿Me pasarías la sal?”. Este grado de respeto se codifica a través de la conjugación del verbo y es el que demuestra la cajera a Laterza Rivarola cuando le pregunta “¿Cuánto retiraría?” y “¿Pagaría en efectivo o en tarjeta?” Hay estudios que indican que el condicional se usa muy a menudo en verbos de transacción (como pasar, retirar, pagar), puesto que alivian la exigencia del hablante al receptor. Entonces, preguntar “¿Cuál sería su nombre?” tal vez equivalga a decir “necesito saber su nombre, pero no se sienta obligado a dármelo”.

Lo interesante de los cambios lingüísticos es que los procesos suelen ser similares entre todas las lenguas del mundo. En cuanto al condicional, se ha observado que este se usa como marcador de respeto en varios idiomas indoeuropeos, como el francés, el inglés y el castellano. Se cree que dicho fenómeno se debe a que la distancia temporal (el condicional es más distante que el presente) simboliza la distancia entre los interlocutores; y, en muchas culturas, marcar distancia indica respeto.

Aun cuando la evidencia científica nos muestra que nos equivocamos, todavía tenemos la creencia de que las formas antiguas son mejores, principalmente porque estas se encuentran descritas en los libros. Sin embargo, las formas que encontramos en los textos escritos –lo que conocemos como las reglas de la gramática– primero existen en la mente de los hablantes y luego se documentan –si se documentan. Así, si habláramos siendo fieles a “las raíces profundas de la sintaxis” del castellano tendríamos que seguir declinando sustantivos, como en latín, o –aún mejor– deberíamos hablarnos con gruñidos como los primeros seres humanos que utilizaron este sistema complejo de comunicación que llamamos lenguaje.

Cuando los cambios lingüísticos ocurren en el transcurso de nuestra vida es normal que al principio no nos gusten, porque nos generan confusión. Sin embargo, cuando la irritabilidad se nos pasa, podremos ver que hay estructura y lógica en los cambios y que la telefonista no está arruinando el idioma castellano: sólo está tratando de ser amable.

2 Comments

  1. Realmente el manejo del lenguaje telefónico actualmente está en total decadencia. Se ha perdido el sentido humano del diálogo y se implantó una filosofía de call center mecanizado, robotizado del otro lado del auricular. Particularmente me desagrada muchísimo la forma en que las personas se escudan al otro lado del teléfono en el mal llamado anonimato, capaz que en ese momento no te ubique físicamente tu interlocutor, pero créeme, tarde o temprano llegará el momento en que cruzarán las miradas… No hay la mínima intención de empatía o conexión, es como si tuvieran un discurso programado y hasta hablan como robots. Y este Sr. Laterza que escribió el artículo se olvidó de mencionar el horror paraguayo a la hora de contestar una llamada, el famoso VOS SOS? muero de vergüenza cada vez que escucho esta frase…. cuesta tanto ser amable?

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    1. Gracias por el comentario, Clara. Estoy de acuerdo contigo en que existe una especie de amabilidad robotizada en los call-center, que puede resultar muy desagradable. Yo suelo retrucar con amabilidad genuina, jeje, y así la conversación se suele volver agradable.

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