Vos, hombre violento

Vos, que tratás a tu pareja de “inútil”, “tonta”, “histérica”, “imbécil”, “bandida” y que decís “que agradezca que no le pego”: ¿Qué satisfacción perversa te da humillar a un ser “querido”? ¿Cuán lejos creés que estás de que tus palabras se conviertan en puñetazos? “Pero ella…”, “pero ella…” ¿De verdad creés que se lo merece? ¿Pensás que tu maldad surge de ella y no de la profundidad de tu propia inseguridad y de tus ansias de poder?

Vos, que te convencés de que cada insulto es por su bien: ¿Esperás que se te aplauda tal generosidad? “Es un chiste”, “es una crítica constructiva”, “ella es una exagerada que se toma todo a pecho”: así justificás tu odio. Claro, es más fácil culparle a tu víctima que reconocer que sentís placer al verla llorar, porque admitir que su sufrimiento te alimenta el orgullo es de mala gente. Y vos no sos mala gente. No. Vos sos un tipo muy bueno, querido por los amigos, familiero, buen compañero. ¿En qué mundo vivís que seguís creyendo que tus acciones no te definen?

Vos, que la amenazás con dejarla en la calle, con contarle a todo el mundo sus secretos, con alejarla de sus hijos: Sabemos que te fascina sentir ese poder. Lograste dominarla: ¡Triunfaste! …y ahora vas a ostentar ese trofeo. La vas a llevar a pasear, la vas a obligar a sonreír y la vas a halagar en público: “Soy el hombre con más suerte del mundo, por haber encontrado a una mujer tan hermosa e inteligente”. Le vas a comprar flores, se van a sacar una foto para Facebook y vas a asegurar que ella está contigo porque te quiere, no porque la tenés de rehén.

Vos, que empezaste con un empujón, que seguiste con un golpe, que continuaste con patadas y luego intentaste ahorcarla varias veces: ¿Seguís pensando que el problema es ella? ¿Seguís convencido de que sos un buen tipo? Que ella lo mantenga en secreto, que nadie se entere, no te hace menos monstruo. ¿Que vos no sos un monstruo? ¿No? ¿Cómo se le llama al hombre que hiere con ensañamiento a la persona a la que le juró amor, respeto y compañía? Asegurás que tenés un problema: los nervios te poseen y no te podés controlar; no es tu culpa. ¿Cuántas mentiras más te vas a seguir diciendo?

Vos, que estás seguro de que nadie va a saber lo que le hacés a tu pareja: ¿Quién te dijo que el silencio era eterno? Ah, por supuesto, aunque alguien diga algo, esto no es problema para vos. “Si ella habla, nadie le va a creer. Si denuncia, la justicia no me va tocar un pelo”. Es probable que acá sí tengas razón, pero yo no subestimaría la posibilidad de un gran cambio. ¿Viste en las noticias a todos esos hombres potentados que están perdiendo su prestigio, su trabajo, su poder, por ser monstruos como vos? Si con ellos se pudo, ¿creés que contigo no se va a poder? ¿Vos estás seguro de que vas a ser siempre un intocable?

Vos, que jamás pensaste que se sabría la verdad: Cuando tus hijos —con mayor autoridad moral que vos— te pregunten “Papá, ¿por qué?”, ¿qué explicación les vas a dar? ¿Les vas a poder mirar a la cara siquiera? ¿Les vas a mentir a ellos también? ¿Y si tus hijos —siguiendo tu ejemplo— se convierten en hombres perversos como vos? ¿Vas a estar orgulloso? Y si, por el contrario, deciden alejarse de tu crueldad, ¿vas a retenerlos con amenazas? ¿Vas a golpearlos a ellos también?

Vos, hombre violento que pedís perdón una vez más: Te creyeron una vez, te creyeron dos veces, tres… pero ya ni vos creés en tu falso arrepentimiento. Si querés, convencete de que cambiaste, de que volviste a ser la buena persona que siempre fuiste. Seguí pensando que tus amigos te van a entender, que tu familia te va a apoyar, que no te van a abandonar en un momento difícil. ¿Vos creés que vas contar con su amistad y amor incondicionales cuando sepan que para vos amar es sinónimo de agredir?

Vos, feminicida, uxoricida, asesino: mataste a la mujer que te amó, que te perdonó, que quiso ver lo mejor en vos a pesar de haber sufrido tu monstruosidad. Sabemos que vas a seguir mintiendo, que no te vas a arrepentir, que vas a ser más soberbio que nunca, pero tu peor castigo va a llegar… y este no va ser la cárcel, ni la muerte, ni el infierno. Tu peor castigo va a ser nuestra libertad: la libertad de todas las mujeres.

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